Para Thomas Hobbes, el hombre no es un ser social y político por naturaleza. Las razones de este pensamiento se desarrollan en su teoría del estado de naturaleza que para él es como una condición anterior a la sociedad constituida políticamente, en la que los hombres vivían sin un gobierno civil y sin un poder común que los mantenga en el temor.
¿Por qué para Hobbes era necesario que el hombre sintiese este temor?, pues para él, la humanidad vive inclinada a un afán perpetuo de poder que cesa solamente con la muerte. Existe una pugna de placeres, honores, riquezas y otras formas de poder que arrastran al hombre a la lucha, la enemistad constante y a la guerra. Es así, que en la naturaleza del hombre se encuentran tres causas principales de discordia: la competencia, la desconfianza y la gloria. Hobbes da a cada una de estas causas una razón: La competencia impulsa a los hombres a conseguir un beneficio, la desconfianza los impulsa a lograr la seguridad y la gloria los impulsa a ganar reputación. Es por esta razón que Hobbes señala que mientras el hombre viva sin un poder común que los atemorice a todos, se encontraran en un estado de guerra continua de todos contra todos.
En este estado de naturaleza, como no existe un poder común, tampoco existe una ley común, siendo así, que es imposible definir un acto justo de uno injusto, ni establecer una noción de derecho o ilegalidad, ya que donde no hay ley, no puede haber justicia.
El hombre podrá salir de este estado de naturaleza gracias a sus pasiones y también gracias a su razón. Las pasiones que inclinarían al hombre a salir de este estado, son: el temor a la muerte, el deseo de las cosas que son necesarias para una vida confortable y la esperanza de obtener estas cosas por medio del trabajo. La razón, por otro lado, hace pensar al hombre que sin seguridad y duración, los bienes y privilegios que desea no tienen sentido, ya que no los podría disfrutar. Es por esto que la pasión hace que el hombre se incline a desear y querer conseguir los bienes y privilegios de otros hombres, mientras que la razón le hace buscar normas que impliquen entrar en un estado de paz, que pueden ser alcanzadas por los hombres, gracias al mutuo consenso. Son estas normas, las que Hobbes llama “Leyes de Naturaleza”, que ayudarán al hombre a salir del estado de guerra continua en el que se encuentra.
Hobbes establece 19 leyes de naturaleza, siendo dos las más importantes y en las cuales se fundan las demás. La primera establece que: “Cada hombre debe de esforzarse por la paz, mientras tiene la esperanza de lograrla; y cuando no puede obtenerla, debe buscar y utilizar todas las ayudas y ventajas de la guerra”.
La segunda señala que: “Que uno acceda, si los demás consienten también, y mientras se considere necesario para la paz y defensa de sí mismo, a renunciar este a todas las cosas y a satisfacerse con la misma libertad, frente a los demás hombres, que les sea concedida a los demás con respecto a él mismo”.
De esta segunda ley de naturaleza se puede establecer que es necesario que los hombres respeten los pactos que han celebrado, ya que si las pasiones enfrentan a los hombres, la razón los obliga a pactar. Cuando estos pactos se respetan y se llevan a cabo, significa que existe una voluntad de dar a cada uno lo suyo, lo que le corresponde, ya que todos los hombres tienen derecho a todas las cosas y son iguales ante la ley. Es esta necesidad de pactar, la que obliga a los hombres a celebrar un contrato que implica una renuncia a todos los derechos que poseían como seres humanos en el estado de naturaleza, para otorgárselos a un soberano que les garantizará orden y seguridad.
Así nace la figura del Leviatán, que es para Hobbes, una especie de dios mortal al cual los hombres le deben la paz y su defensa. Este Leviatán se origina como una necesidad de establecer un poder común que defienda a los hombres de la invasión de extranjeros y – en otras palabras – mantenga a raya sus pasiones e imponga las normas necesarias; mediante la transferencia del derecho de los hombres de gobernarse por sí mismos, a un hombre en particular o a una asamblea de hombres; originándose así la figura del estado y el soberano.
Bajo la soberanía de este estado se garantiza la paz, ya que sin estado no habría sociedad entre los hombres, sino que habría una permanencia del estado natural de guerra continua.
Bajo este argumento, el signo de la soberanía absoluta (estado absolutista), es el poder de dar una ley y poder a la vez de quebrantarla. El soberano pasa a ser entonces el “creador” de lo que es justo y moral, ya que lo que se define como justicia y moral coincidiría con la voluntad del soberano. El soberano representaría el único poder legislativo y el estado representaría la única fuente de derecho, hasta incluso en los temas de índole religiosa o espiritual.
Nace de esta manera, y de acuerdo en quien recaiga el poder soberano (una persona o un grupo de personas), las formas de gobierno como la monarquía, la aristocracia o la democracia o gobierno popular.
Una concepción distinta de la formación del Estado, es la que esgrime Jean Jacques Rousseau en su obra “El Contrato Social”. Para él, el pueblo soberano no puede estar representado y no puede delegar su autoridad y sus derechos a gobernarse. Es el pueblo el que debe gobernarse por sí mismo y de forma directa. Esta forma de gobierno hace que este autor retome la idea de la Ciudad-Estado, usada por los griegos, ya que es en este tipo de ciudad, en la que todos los ciudadanos pueden concurrir a una Asamblea en la que se tomen decisiones de forma conjunta y consensuada.
Esta idea de la formación de pequeñas agrupaciones sociales, es la que alimenta la idea de Rousseau de que la voluntad popular es la única forma de fundamentar la creación de una organización política, por lo que defiende la soberanía popular que se expresa para él, en las Asambleas. Esta organización política es la que origina el concepto de sociedad civil.
Para Rousseau, el llamado “estado de naturaleza”, no es un estado de todos contra todos, en donde se viva en una situación de guerra constante. Para él, el hombre en este estado natural no es ni bueno ni malo, ni poseía vicios o virtudes.
Es el pacto social del que habla Rousseau, el que da existencia y vida al cuerpo político, y es mediante la legislación mediante la cual se le da movimiento y voluntad a este cuerpo. Es entonces, el legislador el encargado de dar las normas que se suponen serán “buenas y apropiadas” a los ciudadanos, a fin de que puedan ejercitar su libertad civil.
Como se puede apreciar, desde un inicio, son notables las diferencias entre el pensamiento de Hobbes respecto a la creación de un Estado o cuerpo político, y el de Rousseau. El primero apuesta por un estado de guerra total, que obliga al hombre a otorgar su poder de decidir sobre su propia vida y destino a un tercero (un hombre o conjunto de hombres); para Rousseau, no existe este estado de guerra continua, sino un hombre que no es ni bueno ni malo, pero que llegado un momento de su vida en el estado natural, no puede ya hacer frente a todos los obstáculos que le representan subsistir, es por eso que al no poder crear una fuerza superior a la que la naturaleza le ha dado, decide encauzar las fuerzas de él y otros hombres a fin de no perecer.
Respecto a los derechos del que los hombres se despojan a fin de crear el Estado o cuerpo político, Hobbes señala que existe una “entrega” de estos derechos, que el hombre tiene para dirigir su vida como mejor le plazca, a el gobernante, a fin de que este sea quien tome decisiones que garanticen la paz y supervivencia en las mejores condiciones de vida. Demás está decir que en este tipo de formación política, la decisión del gobernante es ley, y es muy posible que muchas veces la decisión de éste establezca qué es justo y qué moral dentro de esta forma de gobierno.
Para Rousseau en cambio, todo nace del consenso. Es la razón la que le otorga al hombre la capacidad de agruparse y establecer un pacto, mediante el cual todos renuncian a una parte de sus derechos, a fin de lograr una igualdad ante el cuerpo político. Los hombres renuncian a su libertad natural para poder gozar de una libertad civil, que a simple vista podría ser desventajosa, pero que analizándola bajo el manto de la seguridad y la subsistencia, es clave para la evolución del hombre como ciudadano.
Para Rousseau, lo que el hombre pierde con el contrato social, es su libertad natural y el derecho ilimitado a todo lo que se le antoje y que esté a su alcance; sin embargo lo que gana es su libertad civil y la propiedad de todo lo que posea.
Es la propiedad un concepto que toma también Jhon Locke para sustentar la razón por la cual, el hombre decide dejar el estado de naturaleza. Es la indefensión de que le arrebaten lo que posee, lo que hace que el hombre decida dejar el estado de naturaleza, a fin de que sea respetado el fruto de su trabajo.









